Durante estos cincuenta años, fui bebita, niña, adolescente, y adulta. Me casé adolescente. Me hice adulta de golpe.
Durante estos cincuenta años fui hija, hermana, alumna, prima, amiga, maestra.
Publiqué un libro, tuve y sigo teniendo un blog, un tumblr, mi facebook, twitter, pinterest y otras cosas que fueron quedando en el camino.
Durante estos cincuenta años viajé un poco por la argentina -ya se viene la revancha- viajamos a Córdoba, a San Luis, a Bariloche, a Salta y no me acuerdo si mucho más. Tuvimos una casa en Punta del Este desde mis diez o doce años, y siempre veraneamos ahí. Después de que mis viejos la vendieron seguí veraneando en uruguay. Amo uruguay.
Durante estos cincuenta años tuve una bici aurorita, un wincofón, muchos discos simple de pasta para el chape que removían mis hormonas on fire, y long plays que le afanaba a mi hermano. Él tenía muchos long plays, y los mejores. Los compraba en La lucila, sobre Rawson o en la Galería del Este. Escuché toda la música que había que escuchar en mi adolescencia, mucho Beatles, Queen, Genesis, Stephen Bishop, lo más minitah que él tenía muchos más y muchas canciones de apretar. Grabé cds de la radio y mi hermano tenía un jvc de doble casetera que era lo más. Escuchaba música nacional y viví la época de los milicos, cosa que nos marcó de una manera que solamente los de mi generación sabemos. Ganamos un puto mundial y tuve una de las primeras tele color. Viví la guerra de las Malvinas aterrada y me pelee con muchos porque para mí esas islas no valían una sola vida de nadie. No proper pensar así.Tenía un corcho en mi cuarto con fotos y frases, y tarjetitas y esa parejita que decía que amar es nunca tener que pedir perdón. Y otras mentiras. Algunos se acordarán.
En mi adolescencia tuve un novio cuando estaba en segundo o tercer año y mis hormonas estaban como locas y yo gustaba tanto de él y un día me regaló un collar de mostacillas y nos dábamos cartitas de amor pero no nos dábamos besos. Después tuve otro novio con el que estuve más tiempo y lo amé tanto como se ama a esa edad, con él si ya estaban permitidas las manos y etcéteras, pero de coger ni hablar. Recién en quinto año tuve un novio que las vueltas de la vida -muchos años después- fue mi marido después de mi divorcio del papá de mis chicos. Después mi novio de verdad que me dejó, se fue a vivir al sur y me hizo llorar mucho y me enseñó, entre otras cosas, a escuchar Croche y otras músicas más, a ser compinches, y amigos y enamorados. Pero él buscaba su destino y lo buscaba en un lugar adónde yo no buscaba el mío.
Después una etapa de muchos novios desordenados, risas, boludeo y La City y Amnesia y Snob y yo me creía mil y era una cachorrita, porque boludeaba mucho pero nunca desbarranqué. Salía mucho, tomaba un poco, me enamoraba fácil y me desenamoraba más fácil todavía. Linda época.
Quilombos en casa matriz siempre. Una constante en mi vida. Tuvimos pileta, quilombos, amigos de mis viejos que fueron importantes en mi vida, quilombos, perros, quilombos, cancha de pelota paleta, pollitos, peces, tortugas -de las de tierra y de las de agua-, quilombos, una casa muy linda, carnavales de verano en febrero en Olivos, la vía muerta enfrente, una plaza cerca, y una Iglesia a la que iba a la salida para ver si me encontraba con el chico que me gustaba. Una librería de útiles escolares, un almacén de barrio con cuenta corriente que anotaban en una libreta, muchas botellas de vino y whisky, un rambler azul, un Impala Bordeaux, una hermanita que nació cuando yo tenía doce y fue la bebita de todos.
A los 21 conocí y me enamoré del que después de nueve meses de noviazgo pasó a ser mi marido y nos mudamos a un departamento muy lindo, y al año de estar casados me quedé embarazada de juan.
Así que en estos cincuenta años fui novia muy fiel, muy cartita de amor, muy enamorada. Fui novia con entusiasmo de una vida nueva. Fui esposa muy joven, y mamá a los 23.
Durante estos cincuenta años trabajé de maestra y disfruté de una profesión cansadora pero que me hacía tan bien. Siendo maestra, mirándolo desde la adulta que soy hoy, logro darme cuenta que sin querer, sané muchas heridas personales muy primarias dándoles a esos cachorritos cosas que no me habían dado a mí. Fui una maestra amorosa y la pasaba genial a pesar de que es un laburo que cansa mucho. Pero también me reía mucho y fui muy buena maestra.
Durante estos cincuenta años fui mamá de Juan, de Manu, de mi bebita María, de mi chiquita Catuni. Hice mi casa, formé un hogar, vivimos felices, criamos chicos con amor, nos ocupamos tanto, hasta que me separé. Así de fuerte, así de duro. Fea separación. Pero caí parada, y seguí mi camino.
Durante estos cincuenta años tuve un marido y un concubino y ahora estoy sola. Fui soltera, novia, essssposa, ex esposa, novia cama afuera, concubina y casi esposa por los muchos años compartidos aunque sin papeles.
Durante estos cincuenta años me mudé nueve veces. Creo que nueve si no cuento mal. Sí, un poco mucho. Cada casa que tuve fue hogar, la decoré, con o sin plata, hacía cosas, patinaba muebles, pintaba, decapaba, lijaba, ponía colores, hacía cerámica, decoupage, cosas con papel maché, les ponía amor, decoraba marcos de cuadros y ponía fotos, inventaba cosas, reciclaba lo que podía, y todas mis casas fueron lindas. Las hice lindas.
Durante estos cincuenta años hice terapia mas o menos cuarenta y nueve. Una infancia difícil y ganas de estar bien me llevaron a buscar por cartilla de Tim mi primera terapeuta a los 20 años. Meché terapia con terapias alternativas. Me atendí con una counselor, con otra que no era nada pero amábamos a Louise Hay y al curso de Milagros, bailé con la luna, hice afirmaciones, leí metafísica, hice un curso de insight, leí Connie Mendez, Ouspensky y Gurdieff, Freud, y me enganché con una que ahora está con Hanglin en la radio y con tal de estar bien y repetía como un loro cagado a escobazos "todo está bien en mi mundo" Y estaba todo para el carajo. Hice yoga, tuve mi ángel de la guarda y escribí afirmaciones hasta que se me acalambraban los dedos. Pero volvía a terapia. Tuve durante diez años a uno de los mejores psiquiatras que pude haber tenido, digo así, porque al mejor lo tengo ahora. Y como no lee mi blog puedo decir que estoy enamorada de él, no vale contar. Otra que transferencia.
Durante estos cincuenta años tuve muchos dolores y hubo momentos de tsunamis familiares muy agobiantes y no, no la pasé nada bien. Pero siempre mis chicos chicos y mi dedicación de madre, me marcaban el norte y trataba, a pesar de no poder siempre, de no perder mi rumbo. Viví situaciones muy border y sentía que a veces me desarmaba entera. Tuve ataques de pánico y algunas otras situacones más espantosas que pude ir atravesando y superando. Caída pero nunca derrotada.
Durante estos cincuenta años tuve familias políticas que no me quisieron mucho, pero me los fumé a todos, a algunos -a los de la familia del papá de mis chicos- les tengo mucho cariño. A los otros, como nunca me quisieron, me la soban.
Durante estos cincuenta años, toco madera, creo que choqué una sola vez hace mil años y tuve varios autos según íbamos pudiendo cambiarlos mientras se iba agrandando la familia.
Durante estos cincuenta años tuve varicela y todas esas cosas de chicos, alguna úlcera, una hemorragia digestiva tremenda y una hepatitis autoinmune que me tuvo parada en un borde de mucha incertidumbre y miedo.
Durante ésos últimos años viaje mucho y conocí Madrid, Roma, Londres, Praga, París, muchas partes de Italia, Suiza, la costa de Francia, Estados Unidos, San Francisco, San Diego, la costa de California, y mucho más pero no me acuerdo todo ahora. Sí, viajamos mucho.
Durante estos cincuenta años fui abuela joven de una Olivia amor, y de un Vicente solazo y ya son grandes y charlamos y los amo con una intensidad desconocida, es otro amor que el de los hijos. Es tan inmensamente y profundo y diferente.
Durante estos diez años, crecí, maduré, estuve más estable, más loca, más cerrada, muy sociable y tuve muchos y buenos amigos, aunque con épocas de no querer ver a nadie que se paga fuerte. A las amistadas hay que cuidarlas.
En estos últimos años la vida me cagó a patadas y vi morirse a mi papá y lo enterramos y lo extraño mucho. Entonces mi mamá se quedó viuda y tuvo de todo, hasta que tuvo un acá y la cuidamos como a un tesorito que se había vuelto nenita, hicimos todo lo que se hace por una madre en esas condiciones de discapacidad y se volvió buena y amorosa y nos dijimos, con pocas palabras pero con muchos gestos, cuánto nos quisimos. La vi morirse. Y también la enterré hace menos de un año.
Y ahora, a los cincuenta años decidí que no quiero más gatos y fueron adoptados por familia, decidí que bueno, que ya es hora, le pongo garra para salir adelante y me adrenalina la editorial nueva que estamos haciendo nacer.
Ahora, a los cincuenta años, no estoy conforme con mi cuerpo y tengo que salirme del rulo de la queja y ponerme en acción. A los cincuenta años quiero pensar que me queda mucho y bueno por vivir, me quedan libros por escribir, amores por recorrer, lugares por conocer. Me queda la ardua tarea de aprender a ser sola antes de volver a estar con alguien.
Y la voy cortando acá, porque se me vienen mil recuerdos de mi infancia, de mi adolescencia, de mi colegio, de amigos que ya no están. Me sacuden los recuerdos que merecen ser contados con detalle y no como una cosita más de mi vida.
Empiezo una etapa nueva.
Me tengo fe.